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Jorge Colmenares, Concejal de Bogotá de CD

Por: Jorge Colmenares

A propósito de la legalización de la marihuana, me pregunto, en defensa de las libertades y la salud mental, si los hogares colombianos y nuestros jóvenes están preparados para cambiar la cajita de chicles por un tabaco de cannabis.

El consumo de drogas en Colombia se ha hecho más complejo en los últimos años. La vulnerabilidad a las adicciones y el uso excesivo de drogas entre adolescentes y jóvenes, se perdieron en el debate académico, social y sobre todo político. El Observatorio de Drogas en Colombia reveló que para el año 2019, el consumo de drogas ilícitas presentó un preocupante aumento en el país, no sólo porque cada vez son más las personas que manifiestan haber consumido algún tipo de droga, sino, más preocupante aún, porque el mercado del microtráfico ha ampliado la variedad y peligrosidad de sustancias.

El informe detalla que la marihuana es la sustancia más consumida en Colombia, una tendencia bastante similar a lo que se presenta en el mundo. Debemos recordar que desde el año 2009, el acto legislativo 02, que modificó el Artículo 49° de nuestra Constitución Nacional, estableció la prohibición del porte y el consumo de sustancias estupefacientes o sicotrópicas, salvo prescripción médica. 

Durante la última semana se ha conocido y debatido ampliamente por la opinión pública, un nuevo intento de modificación de éste artículo de la Constitución. El proyecto de acto legislativo presentado por los representantes liberales Juan Fernando Reyes y Juan Carlos Losada introduce un parágrafo en el que se determina expresamente la prohibición prevista en el artículo 49, no aplicará frente al cannabis y sus derivados para el uso recreativo por parte de mayores de edad y dentro de los establecimientos que disponga la Ley. 

El contexto internacional en el que se desenvuelve éste debate, nos lleva a evaluar de manera detallada los fenómenos y problemáticas que se han presentado en aquellos países y territorios donde se ha dado pasos para legalizar el consumo de cannabis recreativo, siempre condicionado a que sea para mayores de edad: Canadá, Uruguay, Países Bajos y algunos estados de Estados Unidos (Colorado, Washington, California, Washington D. C., entre otros) son algunos de los que han legalizado el cannabis.

Es importante que tengamos una idea de contexto, sobre los que nos depara el futuro en caso de que se apruebe el proyecto de legalización del consumo recreativo de cannabis.  En una amplio estudio revelado por el New York Times en el año 2019, sobre los efectos de la aplicación de esta política de legalización en el estado de Colorado, el primero de los Estados Unidos en legalizar su consumo, se mostró cómo más gente ha ido a parar a las salas de urgencia del estado debido a problemas vinculados con el consumo; los hospitales reportan índices más elevados de casos de salud mental relacionados con el consumo de cannabis, donde muchas familias intranquilas por los problemas derivados del consumo de sus hijos adolescentes se han mudado, hacia estados donde aún esté prohibida la libre comercialización y consumo.

La libre disponibilidad del cannabis ha generado una problemática adicional relacionada con los efectos de la legalización del consumo, entre la población más joven, que piensa, erróneamente al ver el acceso ilimitado, que su consumo resulta inofensivo. Ver en cualquier centro comercial o calle de la ciudad tiendas dedicadas a la venta del cannabis y a las personas consumir en cualquier sitio sin restricción alguna, han traído el nefasto efecto de una sensación de normalidad entre los más jóvenes, quienes cada vez se inician a edades más tempranas en el consumo.

Múltiples investigaciones nos muestran que el consumo de marihuana tiene  efectos permanentes en un cerebro en desarrollo, cuando su consumo inicia en edades tempranas y particularmente cuando el consumo es regular o intenso.  

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, CDC, por sus siglas en inglés, han informado que el consumo de marihuana durante la adolescencia puede dañar el cerebro en desarrollo del adolescente, ya que, a diferencia de los adultos, su capacidad cerebral se está desarrollando activamente y muchas veces no se desarrollará completamente hasta alrededor de los 25 años de edad, trayendo efectos negativos tales como dificultad para pensar y resolver problemas, problemas de memoria y aprendizaje, deterioro en la coordinación y dificultad para mantener la atención, entre otras.

La prioridad en este debate que nuevamente se abre en el Congreso, tiene que centrarse, más que en consideraciones netamente económicas, en el efecto que traerá, la libre venta y consumo entre la población joven y adolescente. Debemos recordar que si bien es cierto varios países han legalizado su consumo recreativo, éste se limita al cannabis producido en el mismo territorio, con lo que muy seguramente la producción en Colombia será destinado a consumo interno. En un mercado interno aún incipiente, donde muy seguramente los productores tratarán de captar a nuevos consumidores,  ¿cuál será el papel del Estado para proteger a nuestros niños y adolescentes, frente a estos nuevos riesgos? ¿Cómo preparar a las familias colombianas para prevenir la problemática derivada de la legalización? Son muchas las preguntas y desafortunadamente aún muy pocas las respuestas.  

La guerra contra las drogas se perdió, llegó el momento de quitarles a los ilegales el negocio y sus fuentes de financiación. Es el discurso de algunos de quienes justifican la legalización. Olvidan que en medio de la profunda crisis social que nos dejó la pandemia por el COVID 19, con miles y miles de hogares y empresas quebradas, con los niveles de deserción estudiantil más altos de toda la historia reciente y una problemática en materia de salud mental aún por cuantificar, poner a libre disposición drogas como el cannabis, puede terminar siendo un tiro en el pie para nuestra sociedad. No estamos para repetir historias dolorosas, aquellas que cortan alas y limitan sueños. 

Por Fabiocruz

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